NOVELAS JUVENILES Y DE AVENTURA
Novela de aventura: Se
considera que los orígenes del género de aventuras se encuentran
en La Odisea y en La Ilíada de Homero (siglo VIII a. d C.)
y, por ende, en la épica clásica. En la primera, el héroe Ulises lucha por
volver a su hogar en Ítaca tras la Guerra de Troya. He aquí el viaje iniciático
del protagonista que será la base para las futuras aventuras narrativas.
También los cuentos de Las mil y una noches, donde encontramos a Aladino o
Simbad, el marino. Con respecto a la Edad Media, los libros de
caballerías, como El Libro del Caballero Zifar o Amadís de
Gaula, son una buena referencia. No podemos olvidar tampoco Don Quijote de
la Mancha, inspirado en ellos, el cual cuenta las aventuras y desventuras del
hidalgo Alonso Quijano, obsesionado por salir en busca de enemigos y
salvaguardar su honor y el de su amada Dulcinea.
Novela juvenil: La literatura
juvenil se define desde la perspectiva del lector. Si hubiese que aventurar una
posible definición habría que centrarse en toda creación artística que está
condicionada y coartada por el destinatario al que va dirigida. Desde este
punto de vista, el escritor renuncia a cualquier atisbo de libertad creativa
porque va a adecuar todas las herramientas literarias a un receptor inmaduro
como lector y como persona; es, en definitiva, un lector sin bagaje literario
ni vital. Y en este cajón de sastre cabe todo, pero sí es cierto que se puede
extraer una serie de constantes que consiguen formar un bloque homogéneo, unas características
recurrentes. Una de esas constantes es el empleo de forma mayoritaria del
género narrativo como su vehículo de expresión. En efecto, las novelas
juveniles son legión, y en todas ellas predomina una temática que pretende ser
juvenil: una trama amorosa, una trama misteriosa o una trama aventurera.
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